jueves, 25 de febrero de 2010

¿Qué es Providence?

Con Providence Juan Francisco Ferré ha quedado finalista del último Premio Herralde de Novela, el mismo que ha vuelto a ganar un autor español después de que durante los últimos años lo hicieran narradores hispanoamericanos. Quizás la razón de que la narrativa española haya vuelto a lo más alto del premio se deba a que las dos novelas -ganadora y finalista- presentan mucho de innovación, de riesgo, de juego; tanto que algunos críticos han decidido enlazar Providence con la narrativa experimental de los años 60 y 70, aquella cuyo padre fue Luis Martín Santos y cuyo gurú fue Juan Benet, la misma que produjo algunas novelas de vital importancia para la literatura de este país, pero también muchos letras ininteligibles y demasiadas abortos y experimentos.
Pero a Providence le han otorgado el honor de convivir con lo rescatable de la literatura de aquella época. Los ecos y las voces de Providence son fáciles de encajar para un lector atento. De Vila-Matas encierra la obsesión como camino para construir una novela; la obsesión de elegir un tema -en este caso Providence- y a partir de ahí comenzar a deshilar el ovillo, estando atento a todos los flecos: Providence es una ciudad, es un videojuego, es Lovecraft, es una investigación y es muchas cosas más al mismo tiempo.
Tiene algo también de la narratividad de Bolaño, con la literatura como importante protagonista de la novela, y por lo detectivesco, que es una actitud que acompaña siempre al protagonista. Un ejemplo claro es la obsesión por Spielberg y Tiburón en unas páginas que reflejan perfectamente esa influencia en el estilo y la construcción de la historia.
Providence es por supuesto literatura 2.0, si es que puede llamársela así, pues en ella las nuevas maneras de comunicarse y de interpretar la realidad están presentes a través de las nuevas tecnologías. Es un acercamiento o una intromisión en la literatura de una realidad que cada día más preocupa y fascina a los escritores.
Es, en definitiva, un río en el que muchos cauces vienen a reposar y agitar. Una lectura intensa, de casi 600 páginas, para pasar unas minivacaciones muy bien acompañado.

John Carlin y Nelson Mandela


A John Carlin vale la pena leerlo los domingos, en su columna semanal en el diario El País, en la que destripa con gracia y certeza el fútbol inglés y, en ocasiones, el patrio. Y a John Carlin hay -y esta vez no como opción, sino como obligación- que leerlo en Playing the Enemy publicada en España por Seix Barral como El factor humano. Y digo que hay que leerla no sólo porque uno debe conocer la historia de Nelson Mandela y su labor de transformación y modernización de Sudáfrica, sino porque el libro intenta y consigue ser un ejemplo de cordura, de bondad y de inteligencia a través de la figura del líder político. En un momento en el que los ejemplos que nos presiden -sean políticos, televisivos, deportivos o de cualquier otra índole- rozan el patetismo, la superficialidad y una falta grave de inteligencia, El factor humano consigue encumbrar el modelo contrario. El de la inteligencia y la profundidad del pensamiento, demostrando lo magnánimo y espléndido que puede llegar a ser el ser humano.
Nelson Mandela es un modelo a seguir y que mostrar y publicitar en un momento concreto en que la realidad humana y los modelos sociales son incapaces de ir más allá del guiñol y el ridículo. Una ocasión perfecta para que el Appartheid salte las barreras de los libros de historia y llegue al gran público como una píldora digestiva y fácil de entregar.
Además, por primera vez en la historia de la cultura, el orden de consumo del producto no afecta a su calidad, pues lo mismo da leer primero el libro y ver después la película que dirige Clint Eastwood y protagoniza Morgan Freeman, o hacerlo al revés, pues en esta ocasión en poco afecta a la lectura el visionado del film.