sábado, 20 de marzo de 2010

Tabucchilandia


Tabucchilandia es un espacio imaginario en el que relajarse, respirar profundamente, olvidar las cosas veloces y estresantes para disfrutar de lo efímero y placentero, donde acariciar un fósil es -como dice Eduard Punset- el camino perfecto para percartarse que las prisas son malas compañeras de viaje. Tabucchilandia es un paraíso en el centro mismo de un generador de velocidad. Un paraíso poblado de letras breves y sencillas pero de una profundidad que acongoja.
Y es en ese rincón concreto del tiempo, donde se detienen los objetos y se paladean los sabores más escondidos, en el que hay que comprender y disfrutar de estos nueve cuentos que acaba de publicar Anagrama.
Antonio Tabucchi tiene el don de la inteligencia y la magia de saber contar historias, y al leer El tiempo envejece deprisa uno tiene la sensación de estar sentado siendo un chiquillo a los pies reconfortantes de un abuelo centenario que cuenta sus historias a unos oídos del todo inocentes. No hay maldad en el lector que reposa en Tabucchi, porque a uno le embarga una ternura extraña frente a sus letras, mismo si el protagonista de la novela es un antiguo espía de la República Democrática Alemana.
Es la misma confianza y bondad del señor Pereira. Pero con nombres y apellidos distintos.

sábado, 6 de marzo de 2010

Los nietos lo saben, y lo practican -en ocasiones-.

Con las memorias de Mark Oliver Everett me ha sucedido algo de lo más curioso. El primero de los capítulos lo leí en voz alta con mis alumnos, de entre 13 y 14 años. Y conseguí varias cosas. La primera, un silencio sepulcral -mágico, en realidad-. Lo segundo, caras de asombro, de sorpresa y comentarios de alucinación y en ciertos momento de fascinación. Lo tercero una pequeña charla en la que la extrañeza se mezclaba con cierta consideración y algo de compasión ante tanta desgracia y adversidad vital. Lo cuarto, un modelo de voluntad y de perseverancia en el trabajo y un retrato de alguien incapaz de vender su arte y su integridad en un anuncio de Volswagen -quizás esto fue lo que despertó mayor admiración; el hecho de que alguien sea capaz de renunciar a millones de dólares por conservar su integridad no es un modelo al que los adolescentes tengan acceso a diario-. Lo quinto, que algunos alumnos buscaran en el Youtube algún video de Eels al regresar a casa. Y lo sexto, que un par de alumnos -de un total de 30- me pidieran las referencias del libro y se anotaran los datos con la idea de comprárselo o conseguirlo en alguna biblioteca -un logro mayor, sí señor-.
Y al final, Cosas que los nietos deberían saber, consiguió que quien escribe esto se sintiera doblemente feliz como profesor y como lector.