Así lo ha pensado el valenciano Manolo Valdés, aunque habría que adivinar qué piensan ellas al verse convertidas en un juego de espacios. Reducida la nobleza de su pasado a un bronce a la intemperie, ideas y cabezas conectadas, formando un mismo objeto, sin animales de compañía y apenas rodeadas por turistas y por cabezas reales coronadas con enormes sombreros que más parecen ideas sin rumbo.
Ellas juegan distraídas, ausentes, marcando olas de mar con sus perfiles, con la mirada atenta hacia el Mediterráneo, impasibles a las manos que las convierten en mujer real, sin pinturas ni maquillajes. Niñas abandonadas por reyes e infantas, las meninas se enjoyan y visten sus mejores galas, para mirarnos ausentes, olvidadas, mientras la vista del caminante pasea preguntándose qué esconden bajo sus anchas faldas.