jueves, 30 de diciembre de 2010

Ricardo Nocturno

La lectura anárquica y la elección arbitraria de títulos hacen que uno llegue a ciertos autores de forma desordenada y algo caótica. En muchas ocasiones ese camino es divertido y acertado, pues la casualidad hace que el lector no se arrepienta de llegar a los autores por puertas laterales.
Hoy, con Ricardo Piglia, uno no puede decir que esta última puerta de la casa sea un error, ni mucho menos -la novela vale mucho la pena- pero a uno le queda un regusto amargo porque con este sí que me hubiera gustado llegar desde el orden, es decir, desde la primera novela hasta la última. Eso me ocurre en pocas ocasiones: me sucedió con Kiko Amat y con Ian McEwan.
En cualquier caso, Blanco nocturno es una historia policíaca muy bien construida, en la que sorprende la finura en la que Piglia va saltando de una voz narradora a otra. Para que a nadie le sorprenda, el asesino se descubre más o menos en la mitad de la novela, y sin embargo el interés del lector no solo no decae, sino que va in crescendo. El comisario Croce al prinicipio y el periodista Emilio Renzi después son los que sostienen el peso de una narración que buscará no sólo a los culpables sino también las intenciones, los sentidos de los actos humanos.
En los personajes hay gotas de Don Quijote y de Crónica de una muerte anunciada, todo ello muy bien combinado por la maestría de un escritor consolidado, serio y al que vale la pena seguir, aunque sea en sentido inverso a sus publicaciones. Es decir, de la última a la primera.

sábado, 25 de diciembre de 2010

La luz tras que se esconde tras los visillos

La lista de críticos, estudiosos y escritores que han tratado sobre le guerra civil y sus consecuencias es abundante en cantidad y calidad. Santos Juliá, José Carlos Mainer, Dulce Chacón, Almudena Grandes, Jordi Gracia, en fin, muchos y muy buenos nombres. Pero lo que hoy ocupa este espacio es algo distinto. Es una obra compartida a cuatro manos entre Antonio Altarriba y Kim. Un cómic que narra la historia de Antonio, uno de los tantos españoles que nacieron en el campo, emigraron a la ciudad y sus sueños de un mundo más justo y digno les llevó desde las filas del ejército republicano a los campos de concentración franceses, para terminar sus últimos días en una residencia de ancianos en la imberbe democracia española.
Los lazos con Soldados de Salamina son innegables, sólo que El arte de volar se centra en la voz del luchador y no en la del escritor que explica la historia.
Antonio, el protagonista, es un personaje colosal. Fiel a sus principios y a su dignidad, su personaje debería sobrepasar las páginas para convertirse en un modelo.
No voy a juzgar la calidad del dibujo -que es excelente, pues no en vano Kim es el autor del conocido 'Martínez el facha-', ni siquiera voy a hablar de la calidad del texto de Antonio Altarriba - al que no conocía hasta hoy, cuando me han regalado el libro-; simplemente quiero destacar la grandeza de un personaje y de una figura que se merecía, desde hace mucho tiempo, un homenaje de altura semjeante.

martes, 21 de diciembre de 2010

La esquizofrenia del pajarito

Desde aquí comienzo a reivindicar sin tapujos el placer del cuento. Breve, conciso, y si además están bien elegidos cada uno de sus elementos el resultado suele ser de una calidad más que aceptable.
Normalmente la apuesta por el cuento uno la hace con autores ya conocidos, aquellos que se sabe de antemano que se manejan considerablemente bien en la novela. Bueno, pues este es el caso de Mire al pajarito, recopilación de cuentos del norteamericano Kurt Vonnegut que acaba de presentar la editorial argentina Sexto Piso.
Quince cuentos muy bien construidos en los que la sorpresa se entremezcla con la congoja, lo improvisado; pero sobre todo quince cuentos que al terminar le dejan a uno con la mirada perdida, en babia, intentando en muchos casos buscarle un doble o un triple sentido a la historia.
Sobre todos ellos destaca, sin lugar a dudas, el que le da título al volumen. No tendría sentido resumir el argumento aquí, porque ese cuento, por sí sólo, es razón más que suficiente para leer el libro. Para los demás, los que no vayan a leer ese cuento, les puede ser suficiente con el adelanto que la misma editorial ha colgado en su página web.
Pero se arrepentirán.