miércoles, 20 de enero de 2010

Dimes y diretes del mundo editorial

En 2006 Esther Tusquets publicaba un primer volumen de memorias, Confesiones de una editora poco mentirosa, en la editorial que montó su hija, RqueR. Aquellas fueron unas memorias, en cierto modo, para incondicionales de los tejemanejes editoriales de la Barcelona de los años 60, 70, 80 y 90 y de nombres como Carlos Barral, Jaime Salinas, Jorge Herralde, Óscar Tusquets y buena parte de los que han copado parte de la cultura de este país durante los últimos cuarenta años.
Tras esa primera experiencia, la editora que estuvo cuarenta años al frente de la editorial Lumen, se aventuró a escribir Habíamos ganado la guerra en la editorial Bruguera, que dirige su gran amiga Ana María Moix -hermana de Terenci-. Es la historia de una familia barcelonesa de la alta burguesía, la que sí ganó la guerra y disfrutó de las ventajas durante la posguerra de ser los vencedores del conflicto, aunque hoy día parezca que en Cataluña nadie ganó ni estuvo del lado de Franco.
Curiosas, interesantes pero sobre todo muy atrevidas y directas. El mismo atrevimiento que ha utilizado en este último -y parece que definitivo- volumen en el que ha conseguido unas memorias deliciosas para el que quiera conocer la trastienda del grupo de la gauche divine. En estas "confesiones" conseguimos conocer de cerca los quehaceres cotidianos de una editora fortuita, sin complejos y sincera; pero también conocemos a la persona, la libertad de actuación y de ruptura de una hija "bien" durante los años 60 y 70, en el centro mismo del gauchedivinismo barcelonés.
Especialmente interesantes son los retratos de Rosa Regàs -una de las figuras más controvertidas de la edición y de la cultura catalanas de los últimos años- y de la familia Maragall a raíz de la publicación de la biografía del ex presidente de la Generalitat.
El libro es interesante para aquellos a los que nombres como Carlos Barral, Cadaquès, Oriol Maspons, Quino, Oscar Tusquets, Umberto Eco, Beatriz de Moura o Jorge Herralde significan algo.

martes, 5 de enero de 2010

Agencia de detectives Bolaño S.A

La décima reseña de esta lista de novelas debía estar reservada a alguien especial, y quizás no haya habido nadie tan especial estos últimos años -hablando de literatura, por supuesto- como Roberto Bolaño. Sobre él hay miles de páginas web y de artículos escritos (y seguro que más de una tesis en curso) con lo que se me hace algo aburrido repetir lo que tantos y tantos han dicho y repetido hasta la saciedad. Por eso este comentario se escapa de la norma y es una opinión informal y muy personal.
Ahora que todas las revistas y suplementos literarios hacen sus listas de las obras más significativas de la década, y ahora que en todas esas listas 2666 ha sido incluida como la mejor o una de las mejores novelas del periodo, rescatar Los detectives salvajes es casi una obligación, una deuda. ¿Por qué? porque uno tiene el convencimiento de que no es necesario -aunque sí placentero- enfrentarse a 2666 para conocer lo que es la literatura de Bolaño. Las aventuras de Arturo Belano y Ulises Lima -dos nombres que van a ser significativos como Ignatius Reilly o Holden Caulfield- en busca de la poetisa Cesárea Tinajero son más que suficiente para quien quiera conocer la literatura de este escritor chileno refugiado hasta su muerte en Blanes, la población costera catalana.
Bolaño gusta porque su literatura encierra muchas claves, muchos secretos que el lector curioso puede entretenerse en desvelar. Si el lector es chafardero la novela esconde nombres, personajes reales que se mezclan con la ficción y que crean un cuerpo narrativo espectacular. Ahí radica una parte de lo que tiene Los detectives salvajes de novela grande. No sólo los personajes buscan, sino que el lector también puede y debe participar en su propia investigación.
Y si al lector le interesan los tejemanejes y la maquinaria del mundo literario, la novela es un verdadero laberinto de claves a descifrar. Y es que Bolaño era uno de esos escritores enfermos de literatura, capaz de leerlo todo o casi todo y, además, acertar en sus gustos.
Los detectives salvajes es, a fin de cuentas, una de las imprescindibles. Sólo que esta vez la frase va en serio.




domingo, 3 de enero de 2010

Un lugar llamado Winesburgh, en Ohio

El Premi Llibreter lo otorga cada año el Gremi de llibreters de Barcelona i Catalunya, es decir, que los libreros, a quienes les otorgamos la capacidad de ser buenos lectores y privilegiados conocedores de los títulos publicados, eligen aquellos títulos que consideran valen la pena leer. Normalmente el libro elegido suele ser de calidad contrastada, y este año 2009 en el que se celebran 10 años desde el primer premio, la elección ha sido de lo más acertada.
La obra recoge una serie de cuentos dedicados cada uno de ellos a un personaje distinto, todos ellos habitantes de Winesburg. Y todas esas historias, todos esos perfiles, se encadenan en el personaje de George Willard, un proyecto de periodista joven cuya mayor virtud es la de saber escuchar a los demás, motivo por el cual el resto de personajes sienten la necesidad de contarle sus propias historias. Las miserias y las virtudes del ser humano están escritas aquí envueltas en un tono cálido, agradable, acogedor hasta conseguir que el lector se sienta cómodo hasta un extremo ciertamente inusual en la literatura hoy día. La crítica lo ha considerado como uno de los mejores libros del siglo XX y a Sherwood Anderson como un precursor de la generación perdida, cuyos miembros comienzan ya a estar presentes en esta lista de libros.
En cualquier caso, este rincón del mundo de la América profunda se ha hecho cercano e imprescindible gracias a la buena literatura.

sábado, 2 de enero de 2010

El punk rompió las pistas de baile

La imagen que aparece en la parte posterior de los libros de Kiko Amat no lleva a engaño. Discos y más discos cubren las espaldas de un tipo delgado, vestido siempre con camisa estrecha y chaqueta enjuta, de mirada desafiante y nerviosa, delgado y diríase que consumido por las muchas horas de lectura y música.
Su estética conduce directamente a su literatura: en este caso a la historia de Rompepistas y sus colegas de Sant Boi. En torno a los diecisiete años, punks, Sant Boi, grupo de música, antihéroes, aparente fracaso e inadaptación y muchas litronas son el contexto en el que se van construyendo los personajes de una gran novela. ¿Por qué? Por que Kiko Amat consigue que los personajes no se detengan en el estereotipo sino que consigue humanizarlos hasta el punto de que el lector se sienta completamente ligado a ellos, como un miembro más del grupo de aventureros inadaptados.
Los conciertos de música, las peleas, el intento de amar y ser amado, el entorno familiar... todo está supeditado a una idea que lo empapa todo: la de la dificultad por salir a flote, el esfuerzo titánico que supone adaptarse a un modelo social que casi siempre raya lo absurdo, lo incongruente. En realidad Rompepistas es una novela sobre el fracaso en la que les será imposible no sentirse identificado a todos aquellos que a los diecisiete años ya sentían que la vida era algo más que un coche y una borrachera acompañada de conversaciones estúpidas. Una novela espléndida que cierra una trilogía de inadaptados (El día que me vaya no se lo diré a nadie y Cosas que hacen Bum) que son un guiño imprescindible para quien sepa y quiera cazarlo al vuelo.

La gran novela nortamericana

Es imposible recorrer las páginas de El gran Gatsby sin que a uno le venga a la cabeza la estética más auténtica del Hollywood clásico. El de los sombreros de fieltro modelo homburg, los largos abrigos hasta el tobillo, los trajes hechos a medida y el humo del tabaco sombreando los ambientes.
La novela es de 1925 y aunque cuando se publicó apenas tuvo lectores (apenas se vendieron algo más de veinte mil ejemplares) consagró definitivamente a Francis Scott Fitzgerald como uno de los narradores imprescindibles de la llamada "generación perdida" de novelistas norteamericanos. Es el retrato de la decadencia de una sociedad surgida del trabajo, la moderación, el esfuerzo y una religiosidad imperante; una sociedad que, tras alcanzar el poder y el éxito, malgasta sus energías en el ocio más superficial y desarraigado. Quizás la otra cara de la moneda 4 hermanas.
Es un aviso para navegantes, el espejo que muestra lo que puede haber tras una sociedad capitalista exitosa y desarrollada. Tras la riqueza de una generación, llega el ocio y la decadencia de la siguiente. Herencias corrompidas y malgastadas. Esa es la enseñanza que encierra la vida del señor Gatsby, la decrepitud de un capitalismo que entiende el éxito en lo económico como el único éxito posible. Cuando no existe el arte, la amistad cierta, la bondad y todo éxito social se traduce en un coche más rápido o una casa más grande, lo siguiente, una vez conseguido, es el ocio más estúpido y degenerado. Una excelente lección.