sábado, 1 de mayo de 2010

Un romano peculiar



En algunos lugares se ha escrito que El asombroso viaje de Pomponio Flato es una rareza, o una novela peculiar en la trayectoria de Eduardo Mendoza. Quizás lo digan por el espacio en el que transcurre la historia porque, por lo demás, la califición está del todo alejada de la realidad. En Pomponio Flato es facilísimo reconocer a Mendoza, por su imaginación, por la investigación policíaca que lleva a cabo, pero sobre todo por el humor fino y cínico con el que está escrito y que se puede leer fácilmente entre líneas.
Nada más empezar sabemos que Pomponio Flato viaja por los extremos del gran Imperio Romano buscando unas aguas benditas capaces de solucionar su mal de diarrea. A partir de entonces el estilo de Mendoza ya ha sido reconocido en una novela breve que conduce al lector por una ciudad de Nazaret repleta de personajes bíblicos previamente humanizados, es decir, despojados de toda su vestimenta religiosa y encajados en una realidad que nos los hace más cercanos.
En torno a esos personajes, sobre todo en torno a un carpintero llamado José y a su hijo, un malandrín llamado Jesús, el lector asistirá a una divertida y curiosa investigación que le llevará hasta la resolución del asesinato del rico Epulón. Poco a poco las miserias humanas, la especulación humanística, las traiciones, el sexo, la codicia, nos demostrarán que el ser humano no ha cambiado demasiado en los últimos veinte siglos.
Es una novela que los seguidores de Mendoza no debemos perdernos, pues es muy capaz de arrancarle al lector una sonrisa detrás de otra.