¿Un café caballero? Claro, por supuesto. Muchas gracias. ¿Y lo quiere sólo o con leche? Pues con unas gotitas de anís, si es tan amable. Por supuesto, aquí tiene. Muchas gracias.
¿Tomamos un café? Es que ma falta tiempo, apenas tengo quince minutos para descansar. No si lo decía solamente por el gusto de salir a la calle. Bueno, está bien, espera. ¿Te queda mucho? No, que va, apenas un vals y bajo. Perfecto pues te espero en la barra. ¿Donde siempre? Donde siempre.
Tienes tiempo de tomar un cafecito antes de volver a casa. Sí, claro, como no. No tengo nada que hacer. Perfecto, ahora bien, quiero humo de tabaco. Pues vayamos allá, que se estará bien. Dos cafés con ron. Marchando.
Dice el concierto que lo mismo da una batalla que un espacio para reposar. Y ante la duda, mejor la batalla, que el descanso sin batalla aburre y apelmaza. Así que a luchar con las teclas y a perdonar a la cafeína que excita los sentidos hasta la extenuación. Bañemos el nervio en agua tibia, que dicen que la letra, con agua jabón, mejor entra.
LECTURAS EN LAS QUE VALE LA PENA PERDER EL TIEMPO Y GANAR ALGO DE FELICIDAD -O DE SAPIENCIA-.
lunes, 21 de abril de 2008
domingo, 20 de abril de 2008
Hundido en la blanca taza de porcelana
Me observa desde la claridad de su contenido y la espesura de su continente.
Palabras negras la reprimen y gritan impulsando mis concentraciones fuera del espacio de mi concentración.
Reyes, dictadores, filósofos, anarquías, concentraciones de poder y vanos intentos de comprender todo esto que estamos creando, ocupan mis pensamientos cada día frente espacios en blanco que me obligo a rellenar.
Y entre tanta queja, entre tanta idea, entre tantos llantos sin vasija de porcelana, entre tanto tonto intento de recordar,
las palabras del fútbol se unen a la firma de Forges,
que dibuja en tinta china la desesperación y la lógica
del que sabe lo que quiere pero no quiere desentrañarlo.
Por que teme el resultado final,
de un proceso que no tiene retorno, ni prinicipio ni fin,
porque se termina con las horas lánguidas y escuetas de un domingo cualquiera.
Palabras negras la reprimen y gritan impulsando mis concentraciones fuera del espacio de mi concentración.
Reyes, dictadores, filósofos, anarquías, concentraciones de poder y vanos intentos de comprender todo esto que estamos creando, ocupan mis pensamientos cada día frente espacios en blanco que me obligo a rellenar.
Y entre tanta queja, entre tanta idea, entre tantos llantos sin vasija de porcelana, entre tanto tonto intento de recordar,
las palabras del fútbol se unen a la firma de Forges,
que dibuja en tinta china la desesperación y la lógica
del que sabe lo que quiere pero no quiere desentrañarlo.
Por que teme el resultado final,
de un proceso que no tiene retorno, ni prinicipio ni fin,
porque se termina con las horas lánguidas y escuetas de un domingo cualquiera.
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