lunes, 21 de abril de 2008

Discursos de vino y postres

¿Un café caballero? Claro, por supuesto. Muchas gracias. ¿Y lo quiere sólo o con leche? Pues con unas gotitas de anís, si es tan amable. Por supuesto, aquí tiene. Muchas gracias.

¿Tomamos un café? Es que ma falta tiempo, apenas tengo quince minutos para descansar. No si lo decía solamente por el gusto de salir a la calle. Bueno, está bien, espera. ¿Te queda mucho? No, que va, apenas un vals y bajo. Perfecto pues te espero en la barra. ¿Donde siempre? Donde siempre.

Tienes tiempo de tomar un cafecito antes de volver a casa. Sí, claro, como no. No tengo nada que hacer. Perfecto, ahora bien, quiero humo de tabaco. Pues vayamos allá, que se estará bien. Dos cafés con ron. Marchando.

Dice el concierto que lo mismo da una batalla que un espacio para reposar. Y ante la duda, mejor la batalla, que el descanso sin batalla aburre y apelmaza. Así que a luchar con las teclas y a perdonar a la cafeína que excita los sentidos hasta la extenuación. Bañemos el nervio en agua tibia, que dicen que la letra, con agua jabón, mejor entra.

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