LA NOCHE NO ACABA
AGUANTAR EL TIRÓN
aun cuando al levantarme
me halles atado a los pies
de tu mirada,
y cuando camine grites
bajo mis suelas ensangrentadas
por tus lágrimas de súplica.
En el arrastre animal,
aguantar.
En el envite a traición,
aguantar,
resistir el tirón con el último aliento
y sufrir con la boca sellada
las palabras que brotan del veneno
de la carne húmeda;
y soportar los devaneos
y los disparates
del instante de éxtasis frenético.
Y creer en un postrero esfuerzo
vehemente, porque lo merece,
sin que se escape la firmeza
de ganarle la batalla al deseo.
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