uno que viajaba de Barcelona a Tailandia
y bebía gin-tonics con Carlos Barral.
Uno que descubrió al Pijoaparte por las calles de Barcelona,
y no tuvo tiempo de reirse con Gurb,
porque por entonces la literatura ya no acompañaba
sus viajes.
Me lo ha dicho estos días un poeta,
que ha viajado conmigo durante el fin de semana,
en un vagón oscuro y sincero
por la Costa Brava.
Le vi afeitarse la barba
mientras asistía al entierro de un amigo común,
que se suicidó por arrepentimiento:
¡había vendido todos sus libros por dinero!
Inadaptación.
Otro gint-tonic, por favor.
Que la noche es larga
y nosotros demasiado estúpidos para surcarla
sin pre-avisos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario