domingo, 5 de septiembre de 2010

Cara A: Irreverencia judía no Kohser

Para comenzar esta reseña copio un fragmento que ya ha sido destacado en algún otro lugar que se ha perdido en las bambalinas viejas de mi memoria: "De joven, me decían que cuando muriera, me llevarían a una enorme casa de oración, llena de miles de judíos que habrían nacido si yo no los hubiera matado, no los hubiera desperdiciado, no los hubiera limpiado con un calcetín sucio durante el repugnante fracaso de mi despreciable vida (hay más o menos 50 millones de espermatozoides en cada eyaculación; lo que hace un total de nueve Holocaustos en cada paja. Estaba alcanzando la pubertad cuando me lo contaron y cometía ese genocidio, de media, tres o cuatro veces al día)".
Con las Lamentaciones uno aprende mucho de la educación ultraortodoxa judía y de cómo transgredirla a través de la marihuana, la pornografía, el onanismo o el hockey de los NY Rangers. Pero por encima de todo el cinismo y la irreverencia de Shalom Auslander, por encima de las sonrisas que a uno se Le van a escapar seguro, hay dos obsesiones que me han atraído gustosamente. Una es la relación con la familia. La relación de un rebelde/deo-paranóico que en el momento en que conoce su futura paternidad se va a preocupar porque el nacimiento del bebé no suponga restablecer los antiguos lazos sentimentales con sus padres.
El otro asunto, por encima de sus diálogos y escupitajos divinos, será la clarividencia de que la sociedad occidental ha renunciado a un Dios divino para caer en un politeismo capitalista: frente a Yahveh existen Michael Jackson o Madonna, y frente a la comida Kosher existen la Coca-Cola o el McDonald's.
Es una perfecta lectura para el final del verano. Una lectura rápida y gamberra de la que uno saca informaciones cuando menos curiosas y anecdóticas. De esas que se pueden relatar entre amigos y cervezas en una tarde fresca de finales de estío.

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