
Con las memorias de Mark Oliver Everett me ha sucedido algo de lo más curioso. El primero de los capítulos lo leí en voz alta con mis alumnos, de entre 13 y 14 años. Y conseguí varias cosas. La primera, un silencio sepulcral -mágico, en realidad-. Lo segundo, caras de asombro, de sorpresa y comentarios de alucinación y en ciertos momento de fascinación. Lo tercero una pequeña charla en la que la extrañeza se mezclaba con cierta consideración y algo de compasión ante tanta desgracia y adversidad vital. Lo cuarto, un modelo de voluntad y de perseverancia en el trabajo y un retrato de alguien incapaz de vender su arte y su integridad en un anuncio de Volswagen -quizás esto fue lo que despertó mayor admiración; el hecho de que alguien sea capaz de renunciar a millones de dólares por conservar su integridad no es un modelo al que los adolescentes tengan acceso a diario-. Lo quinto, que algunos alumnos buscaran en el Youtube algún video de Eels al regresar a casa. Y lo sexto, que un par de alumnos -de un total de 30- me pidieran las referencias del libro y se anotaran los datos con la idea de comprárselo o conseguirlo en alguna biblioteca -un logro mayor, sí señor-.
Y al final, Cosas que los nietos deberían saber, consiguió que quien escribe esto se sintiera doblemente feliz como profesor y como lector.
3 comentarios:
¿Dónde das clases? Queremos más profesores como tú para nuestros hijos... (las mías tienen el libro ya a su disposición, pero no todo el mundo...)
Trabajo en Barcelona y gracias por el piropazo, pero te aseguro que no lo merezco. Es pura diversión y algo de sentido de la responsabilidad porque creo que hay literatura más allá de El Lazarillo de Tormes, que es lo que lamentablemente les enseñamos en clase...
En fin, gracias de nuevo.
Para leer el Lazarillo siempre hay tiempo, y no reniego de las lecturas obligatorias, bien acompañadas, que nos hacían hacer. Lo que hiciste (y he visto en algunos otros blogs de educadores cosas similares) es abrirles los ojos. Es como cuando mi hija de cuatro años me pide que le ponga "la canción esa en que les arden las cabezas", una de Grizzly Bear.
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